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Mostrando entradas de febrero, 2019

34.- Otra noche horrible.

Tragos rápidos parados en la recepción, cuando sobre la espuma te siento llegar. Yo echando raíces, emborrachando mi soledad en otra noche horrible, rodeado por almas invencibles, para descubrir que realidad es solo un lugar sin tiempo que perder. Con dos motivos más que ayer, donde todo lo que ves fue antes el sueño de alguno que estuvo igual. Y ahora, en verdad, tengo miedo a vivir aquello que escribí cuando bebía deprisa.

33.- Diez años (I).

15 de febrero de 1993 y aún no ha vuelto a casa. Han pasado ya diez años desde aquel segundo que lo cambió todo. Ni un día sin tachar en el calendario, contemplando la destreza con la que la desolación esculpe estrías en los pacientes de decadencia. Diez años desde que salió corriendo, dejando la cama deshecha y dos poemas sobre la mesa. Nunca quise mirarlos, pero lo hice. La inquietud y la angustia me obligaron a leerlos por si podían ofrecerme alguna pista o algún motivo. Pero no hallé nada. Solo unas palabras sin valor alguno. No pude conocerle por lo que dejó escrito. Tampoco sé si se hubiese dejado conocer de otra manera. Pasaba las noches a solas en su cuarto y los días estudiando. Siempre tenía un libro bajo el brazo y la mirada en cualquier otra parte. En realidad, estaba orgullosa de que no fuese como el resto. 

32.- Bajos presupuestos.

Recordabas al sonido que llevaba mi vida  de blues con Trankimazin  agregado a los problemas. Con las botas puestas  y otra cosa en la cabeza, querría tocar la trompeta. Soltando amarres y cuentas pendientes, tendré que hacer caja ahora que tengo tiempo. Sin saber dónde estás, bajos presupuestos esta noche que voy ciego y, creo, saludé a Satanás, mas no sé si estoy en lo cierto.

31.- Lo mismo que el resto.

Devoción fugaz por tus ojos de mil pixels tras un cristal. Dormido junto al camino  de tu dedo pasando  hacia el lado que pasa el mío. Por un rato, querré tus datos. Tras un vistazo y un cigarro, bajo telas de araña colgando, tendidos tú y yo, fingiendo conocernos algo. No me echarás de menos, nunca estuviste tan lejos, corriendo el riesgo de ser  tan solo otro escritor que ha estado bebiendo. Destrocemos lo que no sea frágil, que la culpa será del tiempo. Rateando por tus piernas cuatro estrellas y media estampadas en el techo para iluminar tu cuarto. Y así estás ya en la frontera de otra década que se va sin borrar tus pasos para evitar que puedas estar andando detrás de tu pasado. No te preocupes por eso. Mañana te seguirán queriendo lo mismo el resto.