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Mostrando entradas de septiembre, 2019

54.- La mar es serena.

Jamás le había gustado la playa pero hubiese hecho cualquier cosa por esa chica, así que se anudó su viejo bañador de finos trazos verticales. Eran de un color turquesa opaco que, sobre vaivén de las aguas, le otorgaban ese toque refinado que caracteriza a aquellos que prefieren el cloro de las piscinas. Echó mano de su toalla, se calzó sus chanclas a juego y, para cuando quiso darse cuenta, allí estaba, con la mirada perdida y las manos en los bolsillos, escuchando como ya nadie escucha el sonido de las olas abrazando el silencio. De pronto, su sosiego se rompió al grito de "mira qué algas más raras" . En efecto, el destino les había obsequiado con un puñado de manchas verdes, de esas que a menudo se te enredan en los tobillos, yaciendo sobre el cremoso espesor de la arena mojada y dispuestas de tal manera que  parecía poder leerse 'la mar es serena' .  Se despertó aturdido en el lado equivocado de la cama, buscó el sol bajo la almohada y volvió a cerrar los ojos.