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Mostrando entradas de octubre, 2017

10.- Café y educación.

  No se trata de un mecanismo aprehendido el acercar la nariz a la taza de café justo unos instantes antes de sorber sus primeras gotas. Es más bien un acto de romántico sentimentalismo que he ido desarrollando café a café y que me transporta, durante unos segundos, a unos minutos completamente diferentes que recorren un lugar donde todo marcha más tranquilo, más despacio. Puede ser calificado como mi particular reducto de heroísmo, como el instinto carnívoro del depredador que se sabe ya vencido. Y es que hace tiempo que perdimos la batalla de la prisa cuando, a cambio, podemos comprar sacos de café en tan solo un segundo. No se trata, por tanto, de revitalizarme sino de mitigar la derrota. Endulzar el café, observar sus colores, que nunca son los mismos, y los arabescos de las últimas lágrimas que la cafetera me regala mientras pienso “no es por el puto café, es por todo lo demás” .   Pido al lector que fusione los conceptos de educación y de café para, a continuación, releer e

9.- Esta entrada es [fue] la vigésima.

En efecto, esta entrada es [fue] la vigésima y con ella se debería cerrar el requerimiento de las veinte entradas para este blog. Me gustaría agradecer públicamente el que se me haya animado a realizar esta empresa. He escrito. He reflexionado. Mejor o peor. De hecho, mejor y peor. Pero lo he intentado y lo he conseguido: el blog existe. Y es más, he decidido que perdurará, al menos, durante un tiempo. En el futuro, cuando disponga del tiempo preciso, y que también será precioso, que se requiere para confeccionar una entrada de calidad, volveré a hacerlo y lo haré con el mismo entusiasmo con el que comencé este proyecto. Gracias.

8.- Hasta luego, clase.

7.- Número 7.

  Es usual romper los lazos que vinculan la realidad abstracta con los conceptos más abstractos aún. La belleza no es una propiedad de alguien de quien se predica su belleza, así como la bondad no equivale a benevolencia de las acciones de un determinado sujeto. Así, tampoco los números son meros objetos con los que, más o menos, estamos habituados a tratar. No estoy aludiendo a las distintas representaciones efectivas de un mismo número ( siete es 7, pero también es 14 entre 2) sino a algo más profundo, algo que reside en nosotros y que creemos reconocer en determinadas ocasiones. De esta manera, el concepto de siete reside en cada uno de nosotros, es una noción particular de cada uno, algo intrínseco y personal sin naturaleza objetiva más allá de la interpretación que le otorguemos. El siete es lo común a los días de la semana y a los pecados capitales. Y a más cosas, pero esas son las mías . Por lo tanto, ese es mi siete .   Pereza, lujuria, envidia, avaricia, soberbia, ir

6.- La educación del estoico.

  El rasgo más destacado del estoicismo es la concepción de un orden subyacente que estructura el mundo en todas sus vertientes. La sabiduría , la felicidad y el bien requieren de la comprensión de tal organización del universo y si es que en ocasiones no alcanzamos a reconocerlo se debe en exclusiva a las limitaciones de la inteligencia humana. La ética del estoico persigue la felicidad personal, la eudaimonia , a través de la consagración del hombre virtuoso y, aunque en este sentido podría decirse que el estoico requiere de la cooperación con el resto, primordialmente anhela la realización de la virtud mediante la razón. De esta forma, para no desvanecerse entre las distintas pasiones irracionales que menoscaban la cordura y la sensatez, el sabio aspira al ideal de impasibilidad, de apátheia , para no declararse prófugo de la certeza y de la seguridad.   El rey de Chipre, Pigmalión, osó modelar la estatua de una mujer perfecta. Bella. Divina. Sabia. Estoica . Así era Galatea.