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26.- Aquí es donde nos movemos (II).

El sentido fundamental del relato de los peces es poner de manifiesto el que algunas de las realidades más cotidianas son a menudo las menos evidentes. Recientemente he tenido ocasión de escuchar a un muchacho alardear de lo fácil que le había resultado superar exitosamente sus estudios de grado. Me lo leía el día antes y sacaba buena nota —proclamaba orgulloso. Lo mejor de todo es que el auditorio reconocía enseguida la sobredotación del imberbe con frases como —y juro que las decían en serio— ¡Es que tú eres muy listo!  Pues sí. Esto es lo que hay y no es culpa de nadie. El tiempo solo transcurre en un sentido. La imposibilidad de detenerlo hace que inevitablemente tengamos la sensación continua de que salimos adelante. Después, nuestro inherente egocentrismo hace el resto atribuyéndonos una ración de autoconvencimiento sobre nuestra propia excelencia. Y es que aquí es donde nos movemos. ¡Qué importa la dificultad de los exámenes! ¡Qué importa lo que haya aprendido realmente! ¡Qué importa el agua! Foster Wallace reflexiona:

[...]el verdadero valor de la educación no tiene que ver con calificaciones o títulos sino con la simple conciencia –conciencia de lo que es real y esencial, tan escondido a simple vista alrededor de nosotros, que tenemos que recordarnos a nosotros mismos una y otra vez: “Esto es agua."
Habla de la inconsciencia de los peces jóvenes, dejando entrever que la libertad necesita de atención para ser capaces de ver ese agua. Lo demás es tan solo dejarse llevar a la deriva. Y en verdad es muy probable que eso sea lo mejor para funcionar...  Como bien comentó alguien en la primera parte, Foster Wallace decidió saltar de la pecera a la edad de 46 años. Quizás, tal vez, tras advertir lo poco que se puede hacer ante la inmensidad de las aguas. 

Muchas gracias por leer estás líneas.

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